Por: La Redacción.
Moscu, Rusia., a 20 de septiembre del 2026.- En una escalada sin precedentes del conflicto armado, Ucrania lanzó este fin de semana un masivo ataque con aproximadamente 450 drones contra la región de Moscú.
La ofensiva, calificada por las autoridades rusas como la de mayor magnitud registrada contra la capital hasta la fecha, impactó infraestructura petrolera clave y zonas residenciales, coincidiendo con la jornada de clausura de las cuestionadas elecciones parlamentarias en Rusia.
De acuerdo con el alcalde de Moscú, Sergei Sobyanin, las defensas aéreas lograron derribar los aparatos; sin embargo, los impactos y la caída de restos cobraron la vida de al menos dos personas y dejaron 20 heridos. Por su parte, el gobernador regional confirmó el fallecimiento de una mujer de 44 años en un edificio residencial en la localidad de Sofyino, así como la muerte de un adulto mayor en el distrito de Orekhovo-Zuevo.
El presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, asumió la autoría de la ofensiva, detallando que los ataques con drones y misiles se centraron en una instalación petrolera «clave» y en un centro logístico regional.
Según el Ministerio de Defensa de Ucrania, la refinería afectada abastece más de un tercio del combustible de la región moscovita, proveyendo gasolina, diésel y combustible de aviación directamente a las fuerzas armadas rusas.
Desde la perspectiva de Kyiv, estas acciones buscan socavar la capacidad de agresión del Kremlin. No obstante, el impacto de la guerra continúa cobrando una alta factura humana entre la población civil de ambos países.
Mientras Moscú sufría el asedio aéreo, las fuerzas rusas respondieron con bombardeos masivos en territorio ucraniano. Las autoridades de Kyiv informaron que al menos nueve personas —incluidos tres niños— murieron el sábado en ataques perpetrados contra las regiones de Kyiv y Sumy. Entre las víctimas se registraron una madre y sus dos hijos pequeños en Fastiv, además de ataques contra un vehículo civil en Sumy y un monasterio en Jersón, evidenciando que la infraestructura civil y religiosa sigue bajo fuego.
El timing del ataque ucraniano contra la capital rusa no pasó desapercibido. Sobyanin afirmó públicamente que la ofensiva pretendía “perturbar” las elecciones parlamentarias rusas, un proceso electoral que este domingo cumplió su tercer y último día.
Analistas internacionales recuerdan que dichos comicios se desarrollan bajo un estricto control del Kremlin y han sido reiteradamente cuestionados por observadores internacionales ante la falta de garantías de transparencia y pluralidad democrática.
Asimismo, la intensificación de estos ataques deja al descubierto la fragilidad de los entendimientos internacionales y el desacato sistemático a las advertencias diplomáticas. La ofensiva se registra a pesar de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró recientemente en redes sociales que tanto Moscú como Kyiv habían accedido a cesar los ataques contra infraestructura energética.
En paralelo, la presión económica estadounidense sobre el Kremlin se ha intensificado con la firma de un nuevo proyecto de ley de sanciones impulsado por Washington, el cual faculta al Ejecutivo estadounidense para imponer aranceles de hasta el 100% a los principales compradores de petróleo y gas ruso, como China e India.
Mientras la maquinaria bélica continúa operando y los daños colaterales se acumulan en zonas urbanas y residenciales, la posibilidad de un alto el fuego real se desvanece entre la confrontación discursiva, el endurecimiento de las sanciones globales y la crudeza de una guerra que acumula ya más de cuatro años de destrucción ininterrumpida.







