Por: La Redacción.
Guaymas, Son., a 29 de septiembre del 2026.- El huracán «Polo» tocó tierra la mañana de este martes como categoría 1 en las inmediaciones del puerto de Guaymas, con vientos sostenidos de 120 km/h. El impacto del ciclón dejó bajo el agua vialidades neurálgicas de la zona centro, el entorno del Palacio Municipal y el área del malecón, obligando a las Fuerzas Armadas a activar el Plan DN-III-E para tareas de auxilio y prevención en coordinación con autoridades de los tres niveles de gobierno.
De acuerdo con los reportes meteorológicos y de Protección Civil, el centro del sistema ingresó a tierra a escasos 20 kilómetros al sur de la cabecera municipal, generando lluvias intensas a torrenciales y marejadas que rebasaron el nivel de las banquetas. Las alertas operativas se mantienen extendidas hacia el municipio vecino de Empalme y comunidades del sur de Sonora por el riesgo inminente de deslaves, desbordamientos y acumulación crítica de agua.
El embate de «Polo» en las costas del Mar de Cortés no solo reactiva los protocolos de emergencia, sino que reabre el debate sobre la fragilidad urbana de los puertos del noroeste ante fenómenos meteorológicos recurrentes:
Que el agua anegara los alrededores del Palacio Municipal y la zona comercial del centro demuestra que los colectores pluviales y la infraestructura básica de Guaymas continúan rebasados. Año con año, los ciclones tropicales evidencian la falta de inversión sostenida en obras de drenaje de gran capacidad y en la modernización del malecón para contención de marejadas.
La inmediata activación del Plan DN-III-E por parte de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) garantiza la contención de daños y la evacuación de zonas vulnerables, pero perpetúa un modelo asistencialista. El Estado mexicano suele concentrar recursos en el despliegue militar posterior a la tragedia en lugar de destinar presupuestos preventivos a la reubicación de asentamientos en zonas de alto riesgo y al mantenimiento pluvial previo a la temporada de huracanes.
Las advertencias de Protección Civil sobre el «falso sentido de seguridad» que genera el paso del ojo del fenómeno son indispensables para evitar desgracias humanas. Sin embargo, la efectividad de estos llamados tropieza con fallas históricas de conectividad y cortes de energía que suelen aislar a las colonias periféricas y comunidades rurales de Empalme y el Valle del Yaqui justo en el momento de mayor peligro.
La llegada de «Polo» a Sonora es una llamada de atención sobre la urgencia de transitar de la mera reacción operativa ante el desastre hacia una política integral de resiliencia urbana que proteja el patrimonio y la vida de la población costera.







