Por: Redacción.

Caracas, Venezuela., a 3 de octubre del 2026.-  A dos décadas de haber perdido su estatus como potencia exportadora y con una infraestructura severamente mermada, la industria petrolera de Venezuela experimenta un giro geopolítico e institucional sin precedentes. La VI Cumbre Internacional de Petróleo y Gas de Venezuela (VIOGS 2026), celebrada en Caracas, congregó a directivos de gigantes energéticos globales dispuestos a capitalizar la apertura al capital privado impulsada por el gobierno interino de Delcy Rodríguez, un proceso estrechamente tutelado y supervisado por Estados Unidos tras la caída del régimen de Nicolás Maduro en enero.

El foro reunió a representantes de firmas de peso global como Repsol, Siemens AG, Hunt Oil Co., Maurel & Prom y la catarí UCC Oil and Gas Holding. El apetito por el crudo venezolano quedó sintetizado en las declaraciones de Erik Keskula, director ejecutivo de Exploración y Producción de UCC Holding: «Toda Venezuela es una tremenda oportunidad para nosotros y para nuestros planes de crecimiento».

No obstante, una de las ausencias más notables del evento fue la de North American Brue Energy Partners (Nabep), la corporación estadounidense que en agosto pasado firmó un acuerdo con el gobierno de Washington para operar 17 campos petroleros en el país, un pacto calificado por el presidente Donald Trump como «histórico» y que otorga a Estados Unidos el control directo sobre el 20% de las reservas petroleras de Venezuela, las más grandes del planeta.

Michael García, jefe adjunto de misión de la embajada estadounidense en Caracas, defendió el esquema al señalar que se ha trabajado con el gobierno interino para «reabrir las puertas a empresas estadounidenses e internacionales de renombre para comercializar petróleo venezolano».

Detrás del optimismo de los directivos extranjeros se perfila una realidad operativa sumamente compleja. La producción actual de crudo se ubica en 1.2 millones de barriles diarios, una cifra muy distante de los 3 millones que el país producía hace dos décadas.

Años de severa desinversión, errática gestión en la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa), falta de mantenimiento preventivo y el peso acumulado de las sanciones internacionales han dejado una infraestructura obsoleta y vulnerable. Una muestra de ello ocurrió durante el propio foro en Caracas, donde se registraron dos apagones eléctricos, evidenciando que la crisis energética nacional sigue siendo un obstáculo crítico para cualquier plan de reactivación a gran escala.

Pese a este panorama, los ejecutivos apostaron por la viabilidad de los proyectos mediante el apoyo financiero y técnico extranjero. Hunter Hunt, CEO de Hunt Energy Holdings, reconoció los retos al señalar que es imperativo «entender cuáles son las debilidades institucionales y luego las debilidades de infraestructura», aunque minimizó los plazos al asegurar que dichos problemas pueden abordarse con rapidez si existe sintonía con las autoridades anfitrionas.

La transición política y económica que atraviesa Venezuela bajo la supervisión de Washington abre una ventana de oportunidad para el capital extranjero, pero también plantea interrogantes profundas sobre la soberanía energética del país y la capacidad real de reconstruir un sector petrolero colapsado tras años de crisis sistémica.

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