Por: La Redacción.
Baja California., a 27 de septiembre del 2026.- El avance simultáneo del huracán Polo hacia la península de Baja California y el distanciamiento del huracán Nolo de las costas de Hawái han encendido las alarmas meteorológicas en el Pacífico. Mientras la Comisión Nacional del Agua (Conagua) y el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) prevén que Polo toque tierra como un fenómeno de alta peligrosidad, el desarrollo del evento vuelve a poner a prueba la infraestructura de protección civil, la capacidad de respuesta en comunidades aisladas y la preparación del Estado frente a temporadas ciclónicas cada vez más agresivas.
Polo avanza hacia el norte-noroeste como un huracán categoría 3 con vientos sostenidos de 205 km/h, ubicándose a unos 460 kilómetros al oeste-suroeste de Cabo San Lucas. En tanto, la tormenta tropical Rachel se formó al sur de Acapulco, confirmando un patrón de alta actividad en el océano Pacífico facilitado por las condiciones del fenómeno de El Niño.
Ante la inminencia del impacto en Baja California Sur, la Secretaría de Marina (SEMAR) desplegó personal, auxilio humanitario y embarcaciones desde Guaymas y Mazatlán. Sin embargo, la efectividad del despliegue institucional se enfrenta a fisuras estructurales en las localidades más vulnerables de la península.
Más allá de la contingencia meteorológica, la trayectoria de Polo expone desafíos pendientes en materia de prevención, conectividad y servicios básicos en las zonas costeras de México:
Poblados en la ruta del ciclón, como la comunidad pesquera de San Juanico, evidencia la fragilidad en la que operan diversos asentamientos rurales en Baja California Sur. La dependencia de caminos de terracería o carreteras secundarias que sufren deslaves frecuentemente amenaza con aislar a poblaciones enteras de los centros de salud más cercanos —ubicados en ocasiones a más de una hora de distancia—, evidenciando que el desarrollo de infraestructura terrestre no ha ido a la par de las necesidades de protección civil.
La presencia del Ejército Mexicano y la Marina para habilitar albergues y trasladar víveres resuelve la emergencia inmediata, pero refleja un modelo predominantemente reactivo. La falta de servicios continuos, como redes eléctricas consolidadas o sistemas locales de salud autónomos, obliga al Estado a recurrir a operativos de contención en lugar de garantizar una resistencia urbana e industrial previa en zonas de alto riesgo.
Los apagones sistemáticos que sufren las localidades costeras en condiciones normales representan un factor de riesgo añadido ante vientos de más de 200 km/h. La llegada de cuadrillas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) ocurre a menudo al borde del impacto, lo que deja al descubierto la falta de blindaje en la red de distribución eléctrica de la región peninsular.
El paso de Polo no solo medirá el impacto de los vientos y las precipitaciones en el territorio nacional, sino que pondrá a prueba la capacidad real del gobierno federal y local para garantizar la seguridad de las comunidades históricamente marginadas de los grandes planes de infraestructura.







